sábado, 21 de enero de 2012

Se tú mismo.

Desde pequeños aprendemos una cosa, la gente piensa que hay que pensar lo mismo que la mayoría porque tienen miedo a quedarse aislados, creen que serán rechazados y por ello prefieren despreciarse a sí mismos que afrontar que sus pensamientos no son los mismos.
Se han reído de mi incontables veces por mi manera de pensar, me molestó hasta que comprendí que la mayoría de ellos me envidiaba, no soportaba la idea de saber que yo tenía el valor y coraje que a ellos les faltaba para aceptarse a sí mismos, no soportaban la idea de aceptar que eran iguales que yo, que no pensaban igual, que ellos no eran realmente como se mostraban, tenían puesta una mascara del más duro acero que algunos jamás conseguirían romper.
En su momento fui como ellos, temía ser despreciada por las personas que me rodeaban, pero un día lo vi, vi a un chico mayor que yo, que llevaba unas ropas que yo en aquel entonces consideraba extrañas. Caminaba por la calle tranquilamente y con una sonrisa de satisfacción en la cara a pesar de ser consciente de las miradas despectivas y envidiosas que lo acosaban. Mi mirada era otra, mi mirada era de adoración, se percató y lo que hizo fue dedicarme una sonrisa y guiñarme un ojo. Para una niña de apenas 12 años eso era algo raro que no sucedía todos los días.
Aquel encuentro con un completo desconocido que hoy día sigo sin saber quien es, me cambió la vida de pies a cabeza. Debo agradecerle lo mucho que hizo por mi sin saberlo. Desde ese día aprendí a ser yo misma, aprendía a respetarme y a quererme tal y como soy, con manías, defectos y virtudes. Aprendí que tienes que serte fiel a ti mismo, que tienes que ser como tú quieres ser y no como los demás esperan que seas. 
Te llamarán de todo, te insultarán, se reirán de ti a la cara y a tus espaldas, pero tendrás algo que ellos jamás tendrán a menos que se desprendan de su máscara, el orgullo y la satisfacción de saber que eres tú mismo, que has conseguido ser como quieres ser y no lo que se espera de ti.

viernes, 20 de enero de 2012

Salta, ríe, baila.

La vida está para disfrutarla, hay que vivir cada momento como si fuese el último, exprimirle el jugo como a una naranja de zumo. 
Esas son las cosas que se dicen siempre, no es tan fácil de conseguirlo en comparación a como lo pintan. Te dicen que hay que ser positivo, que hay que ser bueno, tener expectativas y planes de futuro, mantenerte fiel a tus ideales y pensamientos sin temor a que alguien tenga algo que decir en contra. Eso es muy bonito, pero no es tan fácil.
Te dicen que tienes que mantener la cabeza bien alta y tener una sonrisa pase lo que pase... pero no puedes mantenerla siempre, porque las cosas malas y que te deprimen pasan a diario, son comunes. No es fácil mantener una sonrisa cuando todo te va mal, cuando alguien muere, cuando las desgracias parece que vienen en packs de cinco. En esos momentos te dicen que sonrías, que todo va a salir mejor... en otras palabras y sutilmente te están incitando a que guardes lo que sientes en tu interior, que no expreses lo que sientes, que guardes tus sentimientos en una caja fuerte de la que ni tu sabes la clave para abrir. Esa caja fuerte no tiene una capacidad de almacenamiento infinita, un día explota y ya no te puedes levantar, porque al fin y al cabo, la vida ¿qué es? pues caer y levantarse, caer y levantarse. Caer y levantarse.