Cubrir un crimen
El pasado lunes 27 en torno a las siete de la tarde, probablemente en Madrid a alguna señora le estaban robando el bolso, alguien se estaba saltando el torno del metro para no poder pagar y algún dependiente de origen chino perseguía a un par de jovenzuelos que trataban de robar en su tienda. Algún desgraciado maltrataba a su pareja y algún chaval estaba en el suelo recibiendo patadas de sus compañeros de clase. Pero probablemente la policía no apareció en ninguno de estos hipotéticos casos, tenían cosas más importantes que hacer. El protagonista de esta historia, que por respeto hacia su persona llamaremos G.B. a partir de ahora, estaba liándose un porro de marihuana en el parque del oeste junto a dos compañeros de clase mientras una pareja de policías secretas rondaba por la zona, a la caza de algún crimen sencillo con el que llegar al cupo del mes que acababa dos días mas tarde.
G.B. es un estudiante, músico y según él “maestro cigarrero de categoría”, tras una jornada lectiva corriente, planeaba pasar una tarde de relax con un par de amigos y un “canutillo” de por medio. Tremenda sorpresa se llevo cuando tras una ejecución perfecta del arte del liado y en los segundos previos al encendimiento de su última obra, un par de hombres ataviados con sudaderas y con pinta de haber fumado en un mes lo que el señor G.B. en había fumado en su vida le plantaron una placa policial a pocos centímetros de su cara. “Sinceramente, cuando vi que se acercaban pensé que eran un par de yonkis que venían a pedir unas caladas” declaró G.B. poco despues de que todo pasase.
Los policías registraron a los tres jóvenes estudiantes y requisaron la marihuana de G.B. , le hicieron un par de preguntas personales como “¿De donde eres?” o “¿En que trabajan tus padres?”, que poco o nada tenían que ver con el delito, y le avisaron de cuales serían las consecuencias de sus actos “Como es la primera vez, te darán la opción de asistir a un curso sobre drogas o pagar la multa, si es que al final te llega algo” declararon, para seguir con un “Pero vamos que si encontramos a otro que nos cae peor que tú, lo tuyo lo olvidamos y ya esta” y finalizar con “¿Es que como se te ocurre fumarte un porro aquí? (porro que jamás llego a ser encendido, al menos por su propietario original) fúmatelo en un vado, o algo, pero no en un parque”. Varias muestras de la regularidad, imparcialidad y profesionalidad de estos dos policías, que dejaron claro que lo malo no es cometer un delito, si no que alguien tenga las ganas y la oportunidad de denunciarlo.
Un estudiante es víctima de un robo en su propia habitación
Cuando Javier Martínez Montero, estudiante de primer curso de periodismo de la universidad Complutense de Madrid, entró a su habitación en el colegio mayor Diego de Covarrubias este mismo sábado bien entrada la noche, se dio cuenta de que algo no iba bien al contemplar que en la estantería superior de su habitación, aquella que pocas horas antes lucía con orgullo un par de botellas de alcohol de su “reserva personal”, se encontraba medio vacía, sosteniendo tan solo, junto a una larga colección de botellas vacías, una lata de tónica Schweppes entre dos huecos que antes no existían.
“Me jode, porque ni siquiera eran buenas, si llego a tener algo de calidad, podría llegar a entenderlo, pero coño, era ginebra Steward y vodka Koolrof, es lo más parecido a la colonia que se puede beber sin sufrir demasiadas consecuencias para la salud, además, la de vodka estaba prácticamente vacía” declara este joven, que ha visto como su ya de por si pobre economía, se resiente una vez más, ante la negativa de dejar la estantería vacía “... la cosa es que ahora tendré que comprar otras dos botellas y entre eso y el tabaco ya se me va el dinero del mes...”. El joven colegial nos comenta que ha hecho llegar el suceso a oídos de las autoridades del centro, pero la respuesta no ha sido para nada satisfactoria “ ¿y que quieres que hagamos nosotros? Si llegas a saber quien ha sido, avisanos, pero no podemos hacer nada más” fue la mejor respuesta que pudo conseguir la víctima de este terrible suceso.
Javier afirma no tener ni idea de quien ha podido cometer un crimen tan cruel contra su persona, el hecho de que según él viva en “un colegio en el que la mitad de sus componentes rozan el alcoholismo” dificulta mucho la labor de investigación que el colegial realiza desde que se percató del robo. Así mismo niega cualquier tipo de implicación en el crimen, puesto que según él, “sería estúpido tratar de defraudar a una compañía de seguros que ni siquiera tengo contratada”
Pues aquí está, una entrada dedicada a Javier Martínez Montero, un hombre peculiar donde los haya. Demasiado similar a mi, en innumerables cosas, tantas que hasta resulta enfermizo. Un chico que sabe apreciar la belleza de un apocalipsis zombie y un muro compuesto por las cabezas de los mismos. Una persona especial para mi, mi alter ego, con el que me casaré a los 40 y haré locuras por todo el mundo, especialmente en Japón. ¿Qué quieres que te diga Javi? te adoro Chico Stinson :)
El pasado lunes 27 en torno a las siete de la tarde, probablemente en Madrid a alguna señora le estaban robando el bolso, alguien se estaba saltando el torno del metro para no poder pagar y algún dependiente de origen chino perseguía a un par de jovenzuelos que trataban de robar en su tienda. Algún desgraciado maltrataba a su pareja y algún chaval estaba en el suelo recibiendo patadas de sus compañeros de clase. Pero probablemente la policía no apareció en ninguno de estos hipotéticos casos, tenían cosas más importantes que hacer. El protagonista de esta historia, que por respeto hacia su persona llamaremos G.B. a partir de ahora, estaba liándose un porro de marihuana en el parque del oeste junto a dos compañeros de clase mientras una pareja de policías secretas rondaba por la zona, a la caza de algún crimen sencillo con el que llegar al cupo del mes que acababa dos días mas tarde.
G.B. es un estudiante, músico y según él “maestro cigarrero de categoría”, tras una jornada lectiva corriente, planeaba pasar una tarde de relax con un par de amigos y un “canutillo” de por medio. Tremenda sorpresa se llevo cuando tras una ejecución perfecta del arte del liado y en los segundos previos al encendimiento de su última obra, un par de hombres ataviados con sudaderas y con pinta de haber fumado en un mes lo que el señor G.B. en había fumado en su vida le plantaron una placa policial a pocos centímetros de su cara. “Sinceramente, cuando vi que se acercaban pensé que eran un par de yonkis que venían a pedir unas caladas” declaró G.B. poco despues de que todo pasase.
Los policías registraron a los tres jóvenes estudiantes y requisaron la marihuana de G.B. , le hicieron un par de preguntas personales como “¿De donde eres?” o “¿En que trabajan tus padres?”, que poco o nada tenían que ver con el delito, y le avisaron de cuales serían las consecuencias de sus actos “Como es la primera vez, te darán la opción de asistir a un curso sobre drogas o pagar la multa, si es que al final te llega algo” declararon, para seguir con un “Pero vamos que si encontramos a otro que nos cae peor que tú, lo tuyo lo olvidamos y ya esta” y finalizar con “¿Es que como se te ocurre fumarte un porro aquí? (porro que jamás llego a ser encendido, al menos por su propietario original) fúmatelo en un vado, o algo, pero no en un parque”. Varias muestras de la regularidad, imparcialidad y profesionalidad de estos dos policías, que dejaron claro que lo malo no es cometer un delito, si no que alguien tenga las ganas y la oportunidad de denunciarlo.
Un estudiante es víctima de un robo en su propia habitación
Cuando Javier Martínez Montero, estudiante de primer curso de periodismo de la universidad Complutense de Madrid, entró a su habitación en el colegio mayor Diego de Covarrubias este mismo sábado bien entrada la noche, se dio cuenta de que algo no iba bien al contemplar que en la estantería superior de su habitación, aquella que pocas horas antes lucía con orgullo un par de botellas de alcohol de su “reserva personal”, se encontraba medio vacía, sosteniendo tan solo, junto a una larga colección de botellas vacías, una lata de tónica Schweppes entre dos huecos que antes no existían.
“Me jode, porque ni siquiera eran buenas, si llego a tener algo de calidad, podría llegar a entenderlo, pero coño, era ginebra Steward y vodka Koolrof, es lo más parecido a la colonia que se puede beber sin sufrir demasiadas consecuencias para la salud, además, la de vodka estaba prácticamente vacía” declara este joven, que ha visto como su ya de por si pobre economía, se resiente una vez más, ante la negativa de dejar la estantería vacía “... la cosa es que ahora tendré que comprar otras dos botellas y entre eso y el tabaco ya se me va el dinero del mes...”. El joven colegial nos comenta que ha hecho llegar el suceso a oídos de las autoridades del centro, pero la respuesta no ha sido para nada satisfactoria “ ¿y que quieres que hagamos nosotros? Si llegas a saber quien ha sido, avisanos, pero no podemos hacer nada más” fue la mejor respuesta que pudo conseguir la víctima de este terrible suceso.
Javier afirma no tener ni idea de quien ha podido cometer un crimen tan cruel contra su persona, el hecho de que según él viva en “un colegio en el que la mitad de sus componentes rozan el alcoholismo” dificulta mucho la labor de investigación que el colegial realiza desde que se percató del robo. Así mismo niega cualquier tipo de implicación en el crimen, puesto que según él, “sería estúpido tratar de defraudar a una compañía de seguros que ni siquiera tengo contratada”
Pues aquí está, una entrada dedicada a Javier Martínez Montero, un hombre peculiar donde los haya. Demasiado similar a mi, en innumerables cosas, tantas que hasta resulta enfermizo. Un chico que sabe apreciar la belleza de un apocalipsis zombie y un muro compuesto por las cabezas de los mismos. Una persona especial para mi, mi alter ego, con el que me casaré a los 40 y haré locuras por todo el mundo, especialmente en Japón. ¿Qué quieres que te diga Javi? te adoro Chico Stinson :)
