martes, 12 de junio de 2012

El arte de amar.

Yo no fingiré, Apolo, que he recibido de ti estas lecciones, ni que me las enseñaron los cantos de las aves, ni que se me apareció Clío con sus hermanas al apacentar mis rebaños en los valles de Ascra. La experiencia dicta mi poema; no despreciéis sus avisos saludables: canto  la verdad. ¡Madre del amor, alienta el principio de mi carrera! ¡Lejos de mí, tenues citas, insignias del pudor, y largos vestidos que cubrís la mitad de los pies! Nosotros cantamos placeres fáciles, hurtos perdonables, y los versos correrán limpios de toda intención criminal.
Joven soldado que te alistas en esta nueva milicia, esfuérzate lo primero por encontrar el objeto digno de tu predilección; en seguida trata de interesar con tus ruegos a la que te cautiva, y en tercer lugar, gobiérnate de modo que tu amor viva largo tiempo. Este es mi propósito, éste el espacio por donde ha de volar mi carro, ésta la meta a la que han de acercarse sus ligeras ruedas.
Pues te hallas libre de todo lazo, aprovecha la ocasión y escoge a la que digas: "Tú sola me places." No esperes que el cielo te la envíe en alas de Céfiro; esa dicha has de buscarla por tus propios ojos. El cazador sabe muy bien en qué sitio ha de tender las redes a los ciervos y en qué valle se esconde el jabalí feroz. El que acosa a los pájaros, conoce los árboles en que ponen los nidos, y el pescador de caña, las aguas abundantes en peces. Así, tú, que corres tras una mujer que te profese cariño perdurable, dedícate a frecuentar los lugares en que se reúnen las bellas. No pretendo que en su persecución des las velas al viento o recorras lejanas tierras hasta encontrarla; deja que Perseo nos traiga su Andrómeda de la India, tostada por el sol, y el pastor de Frigia robe a Grecia du Helena; pues Roma te proporcionará lindas mujeres en tanto número, que te obligue a exclamar : "Aquí se hallan reunidas todas las hermosuras de la orbe." Cuantas mieses doran las faldas del Gárgaro, cuantos racimos llevan las viñas de Metimno, cuantos peces al mar, cuantas aves los árboles, cuantas estrellas resplandecen en el cielo, tantas jóvenes hermosuras pululan en Roma, porque Venus ha fijado su residencia en la ciudad de su hijo Eneas.

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