Está mal, pero es una tentación muy fuerte. Las miradas vergonzosas al pasar por el lado, las que lo dicen todo en unos pocos segundos, son demasiado fuertes para poder dejarlas correr. El cruce de miradas en el que no se puede apartar la vista y se sonríe, el cruce de miradas tan intenso que después de la sonrisa no puedes hacer otra cosa más que apartar la vista porque como la mantengas se te sale el corazón del pecho. No hacen falta las palabras, estropean los momentos, las miradas lo dicen todo, lo dicen todo, todo y todo.
Mirar al rededor inconscientemente esperando a que pase, y cuando pasa no poder reprimir la cara de felicidad y aún estando a lo lejos, reconoces su sonrisa al mirarte a 50 metros de distancia, mirándote fijamente, diciéndotelo todo sin decirte nada.
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